lunes, 14 de octubre de 2013

Mirada



Te fuiste, o yo me fui, y ya no estás. Hace tiempo que no eres parte de mi vida. Mas prevaleces, resistes al viento y a la lluvia, al frío y al calor; nada te detiene, nada te corre. Eres etéreo o etérea (según el momento). Cambias de nombre y de rostro cuando te manifiestas físicamente, y lo único que mantienes, que se queda constante, es tu mirada atenta. 

Tienes poder sobre mi. Tú me juzgas y me moldeas, tú señalas mi camino, de tu aprecio depende mi estima: tú me otorgas el valor que merezco. 

Eres dulzura al principio, frialdad después y desprecio, y, cuando te vuelves armonía, abdicas, traspasas tu poder. 

Mantienes el martillo en alto, siempre a punto de sentenciar. Mirada aséptica e indiferente que no me da pistas de hacia qué te vas a inclinar. ¿Soy culpable o inocente? ¡Dímelo ya!

Cambias de rostro y de nombre. Me pregunto cuántos habrás sido y cuántas habrás de ser. ¿Quién serás a continuación? ¿Qué rumbo van a tomar mis pasos?

¿Te fuiste? No, nunca te vas. Tu presencia física es rápida, pasajera, casi invisible. La huella, eterna. 

¿Quién fuiste en primer lugar? ¿Reside ahí la clave que busco para comprender tu existencia? 

Eres mi tortura. Mi más fiel compañía. Mi jueza. Mi reina. Mi diosa. Mi miseria. Quien de mi todo sabe y de quien nada sé. Una sombra difusa. 

¿Por qué me miras? ¿Por qué me juzgas? ¿Por qué? A veces me pareces bueno, a veces malo... pero siempre para mi y por encima de mi. 

Yo no quiero que me mires pero, si te giras, te anhelo. No sé si te odio o te quiero. Vete o quédate. 

No sé, no sé... 

Sólo no sé.

Lluvia
树诗雨