lunes, 19 de abril de 2010

Poeta huérfana



Ilusa de mi que creí que por sentarme frente al ordenador, con un teclado en los dedos y una pantalla en blanco las ideas iban a aflorar, las palabras iban a fluir. Ilusa, siempre ilusa de mi.

Hace ya dos años que mis relatos están ausentes, perdidos en algún lugar de mi subconsciente. Como si un duende que habitara en mi mente los hubiese robado y escondido en mi infancia, revuelto todo como está por ahí dentro va a ser difícil que los encuentre.

La dueña y señora de mi voz, aquella bella dama que me cantaba para dormir y me acariciaba cada mañana, aquella que me susurraba, aquella que me traducía las emociones en palabras y de palabras me daba fuerzas para escribirlas, ésa se marchó con el duende, infiel de mi, para crecer y hacerse mayor... o tal vez para morir.

Y yo, desamparada, ausente de aquello que siempre me arrullo, aquello que me calmó, me alivió, me hizo entender y me acompañó, camino entre los libros, entre las hojas y entre los lápices, buscando con pereza y cierta nostalgia aquellos sentimientos y aquellas palabras. Y me pierdo entre las flores que brotan en los jardines vecinos, admirando sus colores pero sin poder percibir su aroma. Añoro el aroma de las flores como una abeja añora su comida, pero uno sólo respira el perfume de aquellas que cultiva.

Soy una poeta huérfana de musa, una nube que dejó de llover, una estrella que no alumbra, un cantante afónico, una diosa muda. Soy un saxo sin lengüeta, una guitarra sin cuerdas, soy el arpa del rincón de aquel oscuro salón.

Mi alma está vacía, o demasiado llena. El cuarto está desordenado pero me puede la pereza. Se me quedó abierta la ventana, las hojas se me vuelan, se me vuelan los cabellos y la mente se me vela, se oculta bajo las sábanas y la oscuridad me ciega.

Quisiera poner orden, encontrar los relatos perdidos, reencontrarme a mi amante y pedirle que vuelva conmigo. Quisiera cultivar mis flores en mi jardín fértil y respirar de nuevo las fragancias de mis sueños. Quisiera volver a sonar, que las manos de nieve volvieran a tocar, que el pájaro dormido en las ramas despertara, que Lázaro resucitara. Quisiera recuperar la voz y la agilidad en las manos, entintar la pluma, empapar las hojas y recitar mis relatos. Quisiera que mis pensamientos recuperaran su forma, poder volver a expresarme, poder ordenarme, poder liberarme de emociones tortuosas plasmándolas en el papel y sacándolas de mi memoria.

Oh, diosa de la dulzura, de la escritura y la inspiración, te suplico que me traigas la fuerza y erradiques de mi la pereza. Por favor, bella diosa, dulce reina, acaríciame con tus besos y devuélveme la inocencia.

Gracias, Venus, gracias diosa. Que así sea.

Lluvia