Tic tac... gente que viene
tic tac... gente que va
tic tac... todas con meta
tic tac... con meta y final.
Tic tac... cabalgan con prisa
tic tac... las veo pasar
tic tac... sin verme me miran
tic tac... de pronto no están.
Tic tac... una manecilla
tic tac... con rumbo y compás
tic tac... me roba a la gente
tic tac... me quita la paz.
Tic tac... hola, bienvenida,
tic tac... ¿tan pronto te vas?
tic tac... quédate a mi lado
y juntas podremos apagar el tic tac.
Lluvia
sábado, 7 de febrero de 2015
sábado, 27 de septiembre de 2014
Regálame un silencio
Es una fría tarde. El sol se aproxima al horizonte donde se
alzan elevados montes de un verde frondoso y acolchado. Casi puedo percibir el
aroma del musgo que crece en el tronco de cada árbol, un musgo verde y
aterciopelado como un abrigo, como si tratara de abrazarlos cual madre a sus
niños al aviso de una noche helada. El aire, a ráfagas, agita mi cabello que se
mueve al unísono con las flores de color malva que crecen a mi alrededor.
Juntas, flores y yo, en el lado vasto aunque luminoso y en cierto modo cálido
de la montaña, contemplamos un lento atardecer de dorados y marrones que
anuncia la llegada del otoño.
Te aproximas a mi. Tus pasos marcan un ritmo lento de ramas
secas que crujen y se parten al verse aprisionadas entre tus pies y la tierra.
No hay bota que rasgue las piedras al rozar el suelo, no hay más sonido que el
de un pie descalzo aventurándose sobre el barro seco y la vegetación austera.
Te detienes junto a mi y te sientas. No me miras ni yo a ti. En su lugar cierro
los ojos y te veo volar entre las ramas de aquel bosque, danzando con los
colores del aire, el regalo de despedida de un sol cada vez más lejano. Tú
sonríes, bailas y te fundes con el cielo hasta que tu cuerpo se asimila en el
firmamento y toma la forma de estrella. Puedo percibir tu mirada desde arriba,
una mirada que trasciende la vista, que no precisa de ojos para contemplar. Y
te miro del mismo modo.
Puedo absorber tu aroma, mezcla de pino, agua y barro, con
algo de ceniza y madera seca. El aire entra por tu nariz, el mismo aire que me
alimenta, y susurra un pequeño soplo cuando se aleja de ti. Tu pulmón está
marcando la percusión del universo y, casi sin quererlo, me veo siguiendo el
compás inspirando cuando tú, cuando el viento, cuando las hormigas, cuando el
roble, cuando el tejo… y expirando con nostalgia y un halo de desapego (cuesta
despedirse del aire que ha traído tanta hermosura a mi cuerpo).
Un grillo agita sus patas y, al momento, un saltamontes se
apoya sobre mi mano derecha. Me trae el recuerdo de células olvidadas, trozos
de piel que estaba ignorando. Y en un nuevo salto se pierde el insecto a quien,
por un rato, siento sobre mi como si no se hubiese marchado. Y pronto llega tu
mano, como un saltamontes mayor, sobre la mía, recordándome no sólo que yo
tengo piel, sino que tú también la tienes y la puedo sentir como si fuera la
misma. Cubro tu espalda con mis brazos y tú con tus brazos la mía. Laten un
corazón en cada cuerpo, late un corazón en el universo. Marcamos el ritmo de la
pulsación de un sueño. Danzando con el
otoño, con un saltamontes y un grillo, con las hormigas que se recogen, con
cada árbol y su musgo. Danzamos tú y yo, que ya no somos sino, en todo, uno. Y
persiste la danza por siempre, aún cuando nuestros cuerpos se desenredan.
Y, aunque abro los ojos no giro la cabeza. No te hablo ni
me hablas: no hace falta llenar este instante de palabras huecas. No quiero que
se desmienta lo que sé que es real, así, en el silencio.
Lluvia
Enredadera
Un poema que escribí en el año 2005 ó 2006 (tengo que revisar la fecha).
Quieres
entre mi espalda crecer tus hojas,
Quieres
rodearme con tus trenzas
Y
ofrecerme tu aroma.
Quieres
llorarme el rocío en las mejillas,
quieres
que disfrute tu hermosura
y que
te de la mía.
Te
aferras a mí en tu abrazo de espinas
Quieres
tenerme hasta la muerte
y a la muerte arrimas.
Lluvia
martes, 2 de septiembre de 2014
Historias de desapego (con amor)
No lo he intentado
(me faltan los motivos)
pedirte que te quedes
pues sé que ya te has ido.
El torrente de la vida
fluye como un río bravo
y a penas si reposa
en ciertos estanques y lagos.
Sigue pasando y seguirá
el viento entre las ramas
como tus dedos por mi cabello
cuando me amas.
Y el tiempo viaja en ciclos
(o quizás en espiral)
ya que, parecido, el inicio
no es igual al final.
Nada a todo a nada
y de hoy a ayer.
Tú a mi llegaste
cuando mi madre se fue.
Lluvia
31 Agosto 2014
lunes, 14 de octubre de 2013
Mirada
Te fuiste, o yo me fui, y ya no estás. Hace tiempo que no eres parte de mi vida. Mas prevaleces, resistes al viento y a la lluvia, al frío y al calor; nada te detiene, nada te corre. Eres etéreo o etérea (según el momento). Cambias de nombre y de rostro cuando te manifiestas físicamente, y lo único que mantienes, que se queda constante, es tu mirada atenta.
Tienes poder sobre mi. Tú me juzgas y me moldeas, tú señalas mi camino, de tu aprecio depende mi estima: tú me otorgas el valor que merezco.
Eres dulzura al principio, frialdad después y desprecio, y, cuando te vuelves armonía, abdicas, traspasas tu poder.
Mantienes el martillo en alto, siempre a punto de sentenciar. Mirada aséptica e indiferente que no me da pistas de hacia qué te vas a inclinar. ¿Soy culpable o inocente? ¡Dímelo ya!
Cambias de rostro y de nombre. Me pregunto cuántos habrás sido y cuántas habrás de ser. ¿Quién serás a continuación? ¿Qué rumbo van a tomar mis pasos?
¿Te fuiste? No, nunca te vas. Tu presencia física es rápida, pasajera, casi invisible. La huella, eterna.
¿Quién fuiste en primer lugar? ¿Reside ahí la clave que busco para comprender tu existencia?
Eres mi tortura. Mi más fiel compañía. Mi jueza. Mi reina. Mi diosa. Mi miseria. Quien de mi todo sabe y de quien nada sé. Una sombra difusa.
¿Por qué me miras? ¿Por qué me juzgas? ¿Por qué? A veces me pareces bueno, a veces malo... pero siempre para mi y por encima de mi.
Yo no quiero que me mires pero, si te giras, te anhelo. No sé si te odio o te quiero. Vete o quédate.
No sé, no sé...
Sólo no sé.
Lluvia
树诗雨
miércoles, 7 de noviembre de 2012
la ocasión
No quiero perderme la ocasión
de verte de nuevo.
Quisiera que tu mirada
me hiciese sonreír.
Que alargaras tus manos
y me alzases del suelo.
Que con sólo mirarte
sintiese el sol salir.
No quiero perderme la ocasión
del triste reencuentro
en que te observo y no brillas
ni te siento venir.
En que tú pasas de largo
mirando hacia el cielo;
y yo saboreo un sueño
y me acuerdo de ti.
¡Cómo perderme la ocasión
de verte, comprender, y sufrir!
Lluvia
martes, 6 de noviembre de 2012
Hace frío, amigo
Hace frío, aunque no espero que lo entiendas
pero yo te lo digo igual: tengo frío.
No se de donde viene, de dentro o de fuera,
pero crece, se ramifica y me hiela.
Esta nevando en mis entrañas desde los dedos de mis pies.
El aire es áspero en mis pulmones, y el respirar
quema mi garganta, me oprime, mas difícil cada vez.
El oxigeno se atasca y la nieve se amontona en mis piernas.
Hace frío, amigo, como vistes esas prendas!
Las nubes crecen, nieva, y el aire, pesado, se ausenta...
¿no te pelan las rodillas?, ¿no te cuesta caminar?
¿no te rompe el pecho este frío glaciar?
Observo con asombro, ojos grandes, y con morados labios rotos,
como, ignorante y alegre, subes y bajas brincando la ladera.
Si tu calor es tan fuerte, tan grande y poderoso, por favor,
cúbreme con tus brazos, con amor, y derríteme esta pena.
Lluvia
2012.11.6
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